El sábado 17 de enero de 2026 se cumplieron 84 años del nacimiento, en Louisville, Kentucky —la ciudad más poblada del estado—, de quien fue bautizado como Cassius Marcellus Clay Jr., primogénito de Odessa Grady y de Cassius Marcellus Clay Sr., un pintor de letreros, mujeriego, amante de las farras, del canto, el baile y de empinar el codo de vez en cuando.
Aquel niño, primero de cuatro hermanos de una familia de clase media, sería conocido luego en su país y en el deporte por su nombre de nacimiento tras ganar la medalla de oro en el peso semicompleto de los Juegos Olímpicos de Roma 1960. Poco tiempo después, tras convertirse en campeón mundial de los pesos pesados con apenas 22 años, en febrero de 1964, el mundo repetiría su nombre bajo una nueva identidad: Muhammad Ali, una de las personalidades deportivas más controvertidas, carismáticas e influyentes del siglo XX y, con absoluta seguridad, el boxeador de mayor prominencia en los anales de esta disciplina.
Como ciudadano, Ali se distinguió también por su infatigable lucha en defensa de sus compatriotas afroamericanos y de los oprimidos del planeta, así como en favor de los creyentes del islam, religión que comenzó a profesar un par de años después de su sorprendente victoria sobre Charles “Sonny” Liston, cuando conquistó por primera vez el título mundial de los completos el 6 de febrero de 1964, en el Convention Hall de Miami Beach. Cuatro meses más tarde, el 25 de junio, derrotó nuevamente a Liston en apenas dos asaltos, en el Central Maine Civic Center de Lewiston, Maine.
La célebre fotografía de aquella pelea —una de las más conocidas en la historia del deporte mundial—, en la que el todavía Cassius Clay conmina a Liston a levantarse, es la que ilustra esta nota.
EL NO A LA GUERRA Y LA SUSPENSIÓN
Tras vencer por segunda vez a Liston, Clay, quien ya se hacía llamar Muhammad Ali (nombre que se traduce como “El amado de Dios” o “de Alá”), encadenó entre 1965 y 1967 una serie de triunfos ante el excampeón mundial Floyd Patterson; el canadiense George Chuvalo; los ingleses Henry Cooper y Brian London; el alemán Karl Mildenberger; y los estadounidenses Cleveland Williams, Ernie Terrell y Zora Folley, a este último el 22 de marzo de 1967.
Luego de ese combate llegó su llamado a filas. El 26 de abril, en la oficina de reclutamiento de Houston, el rebelde peleador se negó a responder los tres llamados para vestir el uniforme militar. Para entonces, la guerra de Estados Unidos en Vietnam se encontraba en pleno apogeo. Ali alegó en vano que, por motivos religiosos, no iría a la guerra y que era objetor de conciencia. “No tengo nada en contra del Viet Cong. Ningún Viet Cong me ha llamado negro”, declaró a los medios.
Fue condenado a cinco años de prisión y a pagar una multa de 10.000 dólares. Ante estos hechos, la Comisión Atlética del Estado de Nueva York lo despojó del título y de la licencia de boxeador. Ali se vería obligado a esperar tres años y medio para volver al ring, lo que logró tras la revocatoria de la sentencia por parte de la Corte Suprema, sin cumplir pena de cárcel y con autorización para regresar al cuadrilátero. Su reaparición se produjo el 23 de octubre de 1970, cuando noqueó a Jerry Quarry en apenas dos asaltos.
UN PORTENTO FÍSICO Y UN PÚGIL SIN IGUAL
Ali estuvo dotado de una asombrosa velocidad de piernas y manos para la máxima división, además de poseer una portentosa conformación física, distribuida en 1,91 metros de estatura.
Esas privilegiadas características contribuyeron, sin duda, a que Ali cambiara para siempre el boxeo. Nunca antes de él ningún peso completo —ni muchos peleadores de otras divisiones— se había desplazado entre las sogas con los brazos bajos, bailando con alegría y desenfado, mirando al rival de forma desafiante y casi burlona. La mayoría de los aficionados disfrutaba hasta el delirio de aquel atleta que “flotaba como una mariposa y picaba como una abeja”, frase descriptiva de su estilo que Ali hizo suya y popularizó, aunque su autor fue su amigo y asistente de esquina del mítico entrenador Angelo Dundee, Drew “Bundini” Brown, tan dicharachero o más que el propio Ali.
GRANDES Y TRISTES MOMENTOS
Cuando Ali se retiró definitivamente de la actividad profesional, acumulaba 56 combates, con 37 nocauts para un porcentaje del 66,07 %, y cinco derrotas, cuatro de ellas por decisión. Disputó 25 peleas de campeonato mundial, con tres reveses: el primero ante Joe Frazier en marzo de 1971 en el Madison Square Garden de Nueva York; el segundo frente a Leon Spinks en febrero de 1978 en el hotel Hilton de Las Vegas; y el último ante su exsparring Larry Holmes, el único que logró noquearlo, en febrero de 1980 en el Caesars Palace, cuando ya era apenas una sombra del peleador que fue. La mayoría de esos combates estuvo cargada de emoción y expectativa a escala nacional y mundial.
Dejó para el recuerdo —y para las tertulias que aún sostienen los viejos aficionados— sus épicas confrontaciones contra Sonny Liston; los tres choques ante Joe “Smokin’” Frazier; la trilogía frente al exmarine Ken Norton, con balance favorable de 2-1; la derrota en 15 asaltos en la que perdió la faja de la Asociación Mundial de Boxeo, peleando con la mandíbula fracturada desde el segundo round; y, finalmente, el legendario “Rugido en la jungla” frente a George Foreman.
Ese combate, celebrado el miércoles 30 de octubre de 1974 en Kinshasa, Zaire (hoy República Democrática del Congo), es considerado una de las mayores sorpresas en la historia del boxeo. Ali, señalado por los expertos como víctima segura, venció por nocaut técnico a los 2:58 del octavo asalto. El evento congregó ante los televisores a una audiencia de Pago Por Ver que, según se afirma, superó ampliamente a los aproximadamente 530 millones de personas que presenciaron la llegada del hombre a la Luna en 1969.
Ali es el único peso completo tres veces campeón lineal de la división (1964, 1974 y 1978) y también el único de su categoría que ha sido cuatro veces campeón de una misma entidad, la AMB (1964, 1974 y 1978).
LOS DÍAS FINALES
Tras sus dos combates con Leon Spinks en 1978, Ali recuperó el título por tercera vez, una proeza inédita en la división. Sin embargo, ya comenzaban a evidenciarse el desgaste físico, la lentitud de movimientos y del habla. En septiembre de 1984 le fue diagnosticada la enfermedad de Parkinson, que confinó a una silla de ruedas a quien había sido un torbellino de palabra y movimiento.
Sus últimas peleas —ante Larry Holmes en 1980 y Trevor Berbick en diciembre de 1981— fueron un triste epílogo. El mundo lo vio por última vez en una aparición pública profundamente conmovedora cuando, visiblemente tembloroso, encendió la antorcha en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.
El 3 de junio de 2016, tras sufrir un choque séptico provocado por complicaciones respiratorias, falleció Muhammad Ali. Casado cuatro veces y padre de nueve hijos, es considerado por una inmensa mayoría como el mejor peso completo en los anales del boxeo, con Joe Louis y Jack Johnson como los únicos rivales históricos a tal distinción. Había sido exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional, en Canastota, Nueva York, 26 años antes.








