En una noche histórica bajo el cielo de Giza, el ucraniano Oleksandr Usyk ratificó su condición de leyenda viviente de los pesos completos al derrotar por nocaut técnico en el undécimo asalto al neerlandés Rico Verhoeven, reteniendo su Supercampeonato mundial de peso pesado de la WBA frente al neerlandes que fue una gran sorpresa para todos.
El combate, que generó una expectación sin precedentes por el choque de disciplinas, se resolvió en el último segundo (2:59 minutos) del penúltimo episodio, cuando el referí principal decidió detener las acciones ante el castigo incesante que estaba recibiendo el gigante de los Países Bajos, aunque para muchos la detención fue muy apresurada.
Desde el campanazo inicial, la contienda se desarrolló bajo el libreto previsto por los analistas. Verhoeven hizo valer sus más de 115 kilos de peso y su notable ventaja en estatura para ejercer una presión sofocante, intentando arrinconar al campeón contra las cuerdas y forzar los amarres en la corta distancia.
Durante los primeros cuatro asaltos, el neerlandés mostró una asombrosa disciplina boxística, conectando golpes de poder que obligaron a Usyk a emplear al máximo su juego de piernas.
Sin embargo, la experiencia de alta escuela y la frialdad del monarca de la WBA comenzaron a inclinar la balanza a partir de la mitad del pleito. Usyk, manejando con maestría su guardia zurda, empezó a descifrar los avances frontales de Verhoeven. Con desplazamientos laterales quirúrgicos y un jab de derecha punzante, el ucraniano fue mermando la condición física del retador, quien empezó a lucir fatigado por el ritmo de la pelea.
El desgaste definitivo se hizo evidente en los rounds de campeonato. En el undécimo episodio, Usyk olió la sangre y arreció la ofensiva. Un potente gancho de derecha que envió a la lona a Verhoeven. Acto seguido vino una ráfaga de combinaciones quirúrgicas a la cabeza que dejaron al retador sin respuesta defensiva. Esto fue suficiente para que el tercer hombre en el ring interviniera para decretar el final técnico del combate.
Usyk extiende su récord inmaculado y consolida su legado en la cúspide de las 200 libras, saliendo de las milenarias Pirámides con su corona intacta. Por su parte, Rico Verhoeven cierra una valiente y digna presentación en el boxeo rentado, demostrando que su fortaleza física fue un reto auténtico para el mejor boxeador libra por libra de la actualidad.








